Gonzalo Bilbao tuvo la idea de vestir a Jesús de la Pasión con la túnica lisa morada hacia 1900 – Recuerdos de Domingo de Casso Romero – (261)


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Foto de los años 30 del pasado siglo con la túnica de las Rosas de Pasión que bordó Dolores Colón en torno a 1900.

©ArchivodePasiondeFranciscoNavarro_DSC0091Muchas sorpresas me he llevado revisando este archivo de mi padre. Pocas como la que me han ofrecido estos recuerdos de Domingo de Casso donde se decubre el origen de la túnica lisa que lleva Nuestro Padre Jesús de la Pasión y que se hizo norma en la Semana Santa sevillana. El gran pintor Gonzalo Bilbao y Francisco de Casso* fueron los que tuvieron la idea: “Una muestra, entre las muchas de su amor, es esa primera túnica lisa cortada, cosida y bordada por ella (Dolores Colom**). Fue idea conjunta del gran pintor Gonzalo Bilbao y de mi padre (Francisco de Casso) el vestir la imagen del Señor de Pasión con túnica lisa de seda pesada para hacer resaltar las líneas de tan portentosa escultura y destacar ese movimiento y vida de la figura majestuosa de ese Señor que anda con vibración vital al recorrer las calles de Sevilla. Años después, la Camarera’ de la Virgen, María lbarra, donó una túnica lisa de terciopelo de Lyon especialmente fabricada y más tarde, la Hermandad hizo otra acertadísima con la cual sale el Señor”.

Domingo de Casso defiende a las túnicas lisas  con el siguiente argumento: “La experiencia ha demostrado cómo acusan estas túnicas lisas las líneas y aumentan, con su dramático realismo, nuestra devoción”. Hoy es cierto que muchos argumentan que con ellas perdimos el rico simbolismo de las túnicas bordadas pero no es mi intención entrar en este interesante debate sino mostrar unos acontecimientos de hace un siglo y protagonizado por grandes hermanos de Pasión.

Aqui transcribo el texto con los Recuerdos de la Hermandad de Pasión de Domingo de Casso en que se nos cuentan también otras historias como la del aparato inclinado que se usa en los traslados o la del quinteto de las Meditaciones de Turina:

“Escribir algo histórico acerca de la Hermandad de Pasión, después de haberlo hecho, ¡y de qué manera! Celestino López Martínez, el inigualable Secretario que tan literaria y bellamente ha ahondado en su historia desentrañando los archivos y sacando a la luz todas sus glorias, sería sobrado atrevimiento en mí, poco dedicado a estudios de investigación. Y, cómo decir algo más de nuestro Señor de Pasión después de ser tan bellamente definido por Rodríguez Marín, Serafín Álvarez Quintero, Bilbao, Grosso, Cortines Murube, Sebastián Bandarán, Hernández Díaz, Rafael Laffón, y tantos otros. Pero mi amor a esta Cofradía a la que vivo unido más años que mi vida, me mueve a consignar algunos recuerdos quizás menos precisos que sentidos.

Y mi afirmación de haber vivido la Cofradía más años que mi vida es por haber vivido asimismo los recuerdos de mi abuelo Domingo M.’ de Casso y Escobar, junto con Ignacio Pol, hermanos beneméritos muy antiguos que hicieron el traslado desde el templo de San Miguel a la Iglesia del Salvador el día 29 de octubre de 1868.

Algunos hechos de entonces oí referir a mi padre Francisco de Casso Fernández. Se hizo aquel altar portátil escalonado, blanco y ribeteado en oro para la novena, en el cual la imagen del Señor aparecía muy en alto. La subida del Señor de Pasión hasta colocarlo en el elevado pedestal, era peligrosísima, tanto por lo estrecho y movible de las escaleras, como por el mismo pedestal en el que quedaba casi justa la peana del Señor a aquella altura de vértigo. Aquel generosísimo hermano, Ignacio Pol, ayudaba desde la escalera de la derecha al hermano subido en el brevísimo pedestal para instalar en él al Señor, pero resbaló y corno hizo un último esfuerzo para empujar la peana sobre el pedestal, su caída fue de cabeza sobre la grada de mármol del altar. Se levantó seguidamente diciendo: «Gracias Padre mío, Tú me has salvado”, e ileso subió otra vez la empinada escalera.

Entonces fue cuando mi abuelo resolvió hacer el aparato en plano inclinado, que fue construido en los talleres de Cabrera. No estuvo conforme siempre la Hermandad en utilizarlo. Unos años se instalaba y otros no. Aquella subida impresionante del Señor por las movedizas escaleras agradaba a muchos.

Al hacer nuevo altar de Novena en el cual se colocaba al Señor mucho más bajo, se construyó nuevo aparato de ascensión en plano inclinado, sin duda más perfecto, cesando aquella peligrosa subida por escaleras de la Imagen venerada, durante la cual rezábamos el Credo más silencioso. Desde entonces, en ese momento sublime de su ascensión dolorosa e impresionante para cargar sobre la Cruz de ignominia, que a su contacto se hizo sacrosanta, lábaro de victoria, signo de Redención, caemos igualmente de rodillas y sin temor, pero con el dolor de sus dolores, rezamos en alta voz el Credo de nuestra Fe que, ante Él, es el Credo de nuestra esperanza por su Redención.

¡Y cómo se enzarzan en mi memoria los recuerdos! Viene el de aquel año feliz del estreno del «manto de la Paloma”, como le llamaba el pueblo a la imagen en oro del Espíritu Santo. Aquella fue una de tantas ofrendas del magnífico Hermano Mayor, José Sierra y Zapatín***, tan enamorado de la Hermandad como aquella santa dama, plena de valores de todo orden, Dolores Colom**, su esposa. Una muestra, entre las muchas de su amor, es esa primera túnica lisa cortada, cosida y bordada por ella. Fue idea conjunta del gran pintor Gonzalo Bilbao y de mi padre* el vestir la imagen del Señor de Pasión con túnica lisa de seda pesada para hacer resaltar las líneas de tan portentosa escultura y destacar ese movimiento y vida de la figura majestuosa de ese Señor que anda con vibración vital al recorrer las calles de Sevilla. Años después, la Camarera’ de la Virgen, María lbarra, donó una túnica lisa de terciopelo de Lyon especialmente fabricada y más tarde, la Hermandad hizo otra acertadísima con la cual sale el Señor.

La experiencia ha demostrado cómo acusan estas túnicas lisas las líneas y aumentan, con su dramático realismo, nuestra devoción. Fuerza es reconocer que, al plasmar la idea de la fusión de la Hermandad de Pasión con la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia del Salvador, tan propugnada por Francisco de Casso, mantenida hasta el fin por su hijo Ignacio, como Secretario , y realizada espléndidamente por el Hermano Mayor Perpetuo Miguel Bermudo Barrera restaurando y embelleciendo primorosa y ricamente la Capilla Sacramental, vuelve una nueva edad de oro de la Hermandad, durante la cual ha presidido la aspiración de volver a alcanzar aquella meta lograda durante los veinte años de su vida en la Iglesia del Real Convento de Nuestra Señora de la Merced y desde el 25 de junio de 1841 hasta el 29 de octubre de 1868, en el precioso templo de San Miguel, volado por la orden ‘ de aquel alcalde republicano nefasto cuyo nombre aún perdura en una calle hispalense.

Cómo no recordar, sin embargo, aquellos fervores anteriores de hermanos meritísimos. Aquel quinteto de las Meditaciones de nuestro Septenario Doloroso con Turina, Monti, Pepe, Colom, Zarzuela, Ignacio de Casso. Aquel coro de hermanos dirigido por el fervoroso adolfo Murga, tan acoplado al estreno de las coplas de Rodríguez Marín y Turina. Y aquellos cultos insuperables por su espiendor. Aquellos novenarios con predicadores como Roca y Ponsa, Arbolí, Merchán, Romero Gago, Bermúdez Cañas, el Magistral de Guadix, el Cura de Majadahonda. Aquellas puertas del templo abiertas y la amplia plaza del Salvador insuficiente para el público ávido de escuchar la Divina Palabra. Y aquellas Comuniones inacabables. Y los niños con los palermos tan criticados.

Pero aquellos niños llegaron a hombres, como afirmó mi padre, y el fervor de la Hermandad ha aumentado, se ha extendido y se muestra en realidades magníficas. El manto y palio de Nuestra Señora de la Merced, conjunción acertadísima de seda y oro, verdadero cincelado en oro de la aguja y el hilo, de elegante factura, cada año mejor comprendido; los portentosos varales nuevos y demás elementos magníficos del espléndido paso; y destacando sobre todo, las nuevas andas procesionales del Señor de Pasión, cantadas en magnífico florilegio por los más valiosos representantes sevillanos de la cultura ,y de las artes; y como culminación, ese verdaderamente insuperable acoplamiento del Altar de plata y oro de la Hermandad a la hoy, más suntuosa que nunca, Capilla Sacramental, mostrando en él, mediante la conjunción armónica lograda, el acierto en encender por efecto de la contemplación vivísima y real de la Pasión Dolorosa el fuego ardiente de la Pasión Eucarística, y de un modo real y sensible como la contemplación de la Pasión nos lleva a la Eucaristía y la Eucaristía a la Pasión del Amor Sacramentado.

A la cabeza de la Hermandad está Miguel Bermudo y Paulino Leyva Lorvés, promotor sacramental; y cual la cabeza son los miembros. A su celo, desprendimiento, trabajo incesante y entrega por entero, se debe este resurgir áureo de la Hermandad de penitencia más antigua de Sevilla.

DOMINGO DE CASSO ROMERO (1957)”

Domingo de Casso Romero ((1885-1974)  llegó a ser el número 1 de la Hermandad y se le hizo un homenaje  por sus 75 años como hermano, justo el mismo año de su fallecimiento. Pueden leer su necrológica aquí.

* Francisco de Casso y Fernández y doña Rosario Romero Pascual son los padres de Domingo de Casso.
**  Dolores Colón Beneyto (nacida en 1854). Pueden leer sobre ella aquí. La túnica que ella bordó es probablemente la de las Rosas de Pasión, Puede verse aquí
*** José Sierra y Zapatín fue Hermano Mayor de Pasión desde 1889 hasta su muerte en 1902

Juan Pablo Navarro Rivas
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